I. Allegro brillante
New Russian Quartet
Julia Igonina,violín
Elena Kharitonova,violín
Alexander Galkovsky,viola
Alexey Steblev, violonchelo
and Georgi Cherkin, piano
Robert Schumann fue uno de los músicos que encarnaron más intensamente
el espíritu del Romanticismo, puesto que su obra es fruto exclusivo de
su yo interior. La introspección, el estudio de todos sus fenómenos
internos, le proporcionó los datos fundamentales de su creación. Su
visión poética buscó la naturaleza oculta de las cosas: de allí el
inmenso espacio reservado en su obra para la fantasía, para lo
misterioso, para lo infantil. Como él anotaba en su propio diario,
siempre fue consciente de que poseía un “yo” público y un “yo” oculto;
estas dualidades se advierten constantemente en su obra: los personajes
de “Florestan” y “Eusebius” fueron un reflejo de ese desdoblamiento.
Schumann se definía a sí mismo como «a la vez pobre y rico, abatido y
vigoroso, cansado de la vida pero lleno de ardor». Es por ello también
que abordó con tanta frecuencia la forma de las piezas breves
(''Stücke'') y los Lieder, que le permitían escapar de los marcos
organizados de la sonata tradicional y volcar más libremente su
emoción. En sus numerosas composiciones vocales respetó la personalidad
propia de cada escritor, demostrando una excepcional comprensión de la
poesía, fruto no solo de su cultura, sino principalmente de su
emotividad y su capacidad espontánea para describir sensaciones por
medio de la música. Esto lo hizo ser uno de los polos fundamentales del
Lied germano. Se ha dicho que en Schumann la música siempre busca
explicar aquello que no se logra con palabras. Su música es reveladora
de lo oculto, incluso lo inconsciente: toda su obra puede ser
considerada, en efecto, como una confesión.
El Quinteto para piano y cuerdas es una obra de un dinamismo y un
frescor insuperado. Alía el rigor de estilo de un cuarteto con la
fantasía imaginativa, la riqueza y la libertad concertante de la
escritura pianística de Schumann. Sus cuatro movimientos están
planteados como una marcha hacia delante que sigue una línea de fuerza
que conduce a un "Finale " considerado como la meta esencial a
alcanzar, y en el que la larga elaboración del microcosmos temático
llega a la madurez. Es una solución formal tan feliz y tan adaptada a
la estética romántica que vendría a ser universalmente aceptada a
finales de siglo, por Liszt, Brahms, Dvorák, Chaikovski o Franck.