La familia de la percusión se distingue por la enorme variedad de timbres que es capaz de producir, que suelen ser muy distintos entre sí aunque se trate de instrumentos incluso parecidos. Así, por ejemplo, cada variedad de tambor tiene un timbre diferenciado. Estos instrumentos suelen emplearse para marcar patrones rítmicos (caja, tambores, entre otros), aunque algunos de ellos también pueden emitir notas afinadas y tocar melodías, como los timbales, el xilófono, el vibráfono, etc.
Los instrumentos de percusión son, quizá, los instrumentos musicales más antiguos. El verdadero desarrollo de esta familia de instrumentos de la orquesta comienza a finales del siglo XVIII, al despertarse el interés por la música turca. Como consecuencia directa de esta situación se van a incorporar a la plantilla orquestal instrumentos como los platillos o el triángulo que complementan a tambores y timbales.
En el siglo XIX Chaikovski, Saint-Saëns y otros músicos postrománticos personalizan el timbre de sus obras con la inclusión en ellas de nuevos instrumentos de percusión afinables, como el xilófono, la celesta o las campanas tubulares. Ya en el siglo XX, Benjamin Britten y otros compositores reclaman mayor variedad aún de timbres y efectos especiales, para lo que se sirven del látigo, las carracas, y otros instrumentos parecidos. En la actualidad la familia de la percusión es la más heterogénea de la orquesta. Aunque sus componentes sean bastante parecidos en cuanto a su manejo, su forma y sus propiedades su sonoridad cubre un abanico de posibilidades francamente amplio.