miércoles, 01 de julio de 2009
Valentina Lisitsa, piano

Aunque las formas pianísticas tradicionales como la Sonata, la Variación y la Fuga mantuvieron su vigencia para los compositores posteriores a Beethoven, en el s. XIX, como consecuencia de la irrupción del Romanticismo, surgen una serie de piezas musicales libres y concisas que se designan con nuevos nombres. Ciertamente, las febriles reacciones personales ante el amor y la naturaleza parecían más proclives a expresarse por medio de piezas breves que al abrigo de otras de mayor extensión. La predilección de Schubert por estas pequeñas y cortas formas musicales, concebidas para ser interpretadas en informales y amistosas veladas, está justificada por su impresionante talento e inspiración para escribir canciones desde muy temprana edad aunque, posiblemente, también por el hecho de no ser un virtuoso del piano, que obstaculizaba sus posibilidades de triunfar en las salas de concierto convencionales.

La denominación de Impromptu deriva del latín "in promptu" que significa estar dispuesto, y por lo tanto se trata de un concepto musical muy cercano a la improvisación (del latín "ex improviso", o sea sin preparación). En efecto es el carácter espontáneo y la inspiración inmediata, es decir casi improvisada, lo que define acertadamente el  Impromptu que, no obstante, requiere una concepción melódica propia, a la vez concisa y rigurosa.

Cuando en 1827 Schubert retorna a la música para piano crea dos colecciones de Impromptus en cuatro movimientos, descubriendo un nuevo género que, aunando su inspiración lírica y su personal y profunda reflexión musical, incorpora definitivamente el arte a un género hasta entonces patrimonio de compositores triviales. La primera serie, terminada en el otoño de 1827, fue aceptada por un editor que publicó tan sólo dos fragmentos, un año después con el opus 90, nº 1 y 2 (los restantes, nº 3 y 4, fueron editados posteriormente, en 1850). El segundo grupo de Impromptus, inicialmente designados como opus 101, fue finalizado en diciembre de 1827, aunque no se publicó hasta once años después de la prematura muerte del compositor como opus 142.

La aparente simplicidad y humilde mansedumbre de estas obras, en las que el compositor parece eludir cualquier ambición de brillantez superflua del piano, ha confundido a muchos de los mayores virtuosos del instrumento, pues verdaderamente su interpretación exige una notable capacidad de comprensión del universo poético de Schubert y una combinación especial de delicadeza, espiritualidad e inteligencia musical.

La naturaleza profunda del estilo pianístico de Schubert hace que sus Impromptus, renunciando a cualquier ambición descriptiva, se alimenten exclusivamente de la riqueza de sus ideas musicales y de la genial explotación de los recursos armónicos del piano logrando, al margen de la originalidad de cada uno de ellos, una unidad temática y un conjunto armoniosamente articulado que rememora la estructura de la Sonata.


Publicado por jrtapia @ 8:00  | El piano
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios