“Don Giovanni” no es una ópera bufa, sino un dramma giocoso; ninguno de los
elementos que aparecen en su obertura
pertenecen a ninguna de las formas convencionales a que nos tiene
acostumbrados la ópera. Tampoco la intensidad, la energía y la
motivación dramáticas se habían mostrado de una manera tan elocuente en
las primeras escenas de un drama como aquí. Desde la misma obertura la
ópera se enfrenta a todas las reglas dramáticas, de la misma manera que
Don Giovanni se enfrenta a todas las normas de la convivencia y
convenciones sociales.
A principios de octubre de 1787, Mozart y Da Ponte se
encontraban
en Praga para rematar la escritura de los últimos detalles de la obra,
que
comprendían las partes de Masetto y del Comendador, confiadas al bajo
Giuseppe Lolli, de quien Mozart no conocía las características vocales.
Incluso la obertura no estaba escrita la noche previa al
espectáculodel estreno. Mozart comenzó a trabajar a eso de la
medianoche, con su
esposa a su lado contándole historias y dándole ponche para mantenerlo
despierto, de forma que cuando los copistas se presentaron al día
siguiente a las siete de la mañana, la obra estaba finalizada. Es
destacable que esta obertura, no es un popourrí de las arias
principales, sino una obra maestra en sí misma, impregnada de la
atmósfera del drama, a pesar de la premura con la que fue escrita.
La obertura de Don Giovanni se compone de dos partes, la primera es un Andante, que se repetirá en muchas ocasiones a lo largo de la ópera, en la parte de su muerte. La segunda parte, es un Molto Allegro, de carácter festivo.