lunes, 31 de agosto de 2009
Piotr Beczala
Deutsche Oper Berlin
Gala contra el SIDA 2007



El compositor de El país de las sonrisas o de Eva puso la doble barra final a su carrera con su opereta Giuditta en 1934. En ella intentó, una vez más, acercarse a lo operístico pero sin olvidar que escribía para un gran público que ansiaba de él sus arrebatadoras melodías de opereta que a todos gustaban e impactaban profundamente. Giuditta se estrenó en la Staatsoper de Viena, no en un teatro de opereta. No gustó mucho al principio, pero cuando la obra llegó a las salas dedicadas específicamente al género fue un gran éxito y se ha mantenido en cartel hasta hoy en día.
   Para los entendedores Giuditta es la obra maestra de Lehár, aunque siempre hay quie opina que las "auténticas" y absolutamente redondas son El conde de Luxemburgo o La viuda alegre. Sin embargo, en Giuditta el maestro estuvo muy acertado. El argumento es bastante triste, como venía siendo habitual en las operetas a partir de los años 20, cada vez más melancólicas y decadentes. Sus autores soñaban con un mundo que desde la 1ª Guerra Mundial había desaparecido y al que nunca podrían regresar. Giuditta vive en algún lugar medio desierto, medio exótico, de la costa mediterránea africana. Allí conoce a un militar, Octavio, al que adora y con el que comienza una relación. Octavio es llamado a filas, por lo que debe abandonar a Giuditta; ésta le ruega que deserte y que no la abandone, como han hecho todos los hombres a los que ha amado. Octavio huye y ella decide cantar en un cabaré de la zona. Octavio volverá pero ya nunca podrán volver a quererse y la obra termina con un sabor bastante agridulce.


Publicado por jrtapia @ 13:57  | Musicales y Operetas
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