El antagonismo militar de dos pueblos, los amores de dos mujeres rivales, público y privado, espectacularidad decorativa e intimismo son los polos sobre los cuales se construyó la trama de la gran obra verdiana. Como bien es sabido, Aída fue un encargo del gobierno egipcio para festejar la apertura del canal de Suez en 1869. Aunque no pudo estrenare para aquel evento, fue presentada en El Cairo en un teatro recién inaugurado, en diciembre de 1871 y en febrero del siguiente año en la Scala de Milán.
La confección del libreto de Aída se llevó a cabo gracias a la intervención de tres personajes, además del mismo Verdi: La idea de Aída nació del egiptólogo Auguste Mariette, consejero del virrey Ismael Pachà (vasallo del emperador turco, pero de hecho único y verdadero detentador del poder en Egipto). Mariette sugirió celebrar el evento del canal con la puesta en escena de un espectáculo operístico, encontrando en el exótico antiguo Egipto un argumento y una ambientación apropiada para una novela. A decir verdad, parece que el punto de partida de dicha idea fue del hermano de Auguste, Edouard Mariette. Pero lo más interesante y a la vez más ignorado durante tiempo fue la intervención de Camille du Locle, que ya fue libretista en el Don Carlo, el cual en calidad de experto, fue el encargado de proyectar y supervisar la operación. Du Locle presentó una puesta en escena que debió entusiasmar a Verdi, pues éste se mostró muy interesado y rápidamente aceptó el encargo.