Con Ludwig van Beethoven comienza la desaparición del Clasicismo y principia el Romanticismo. Su obra, en líneas generales, muestra la lucha interior del compositor: la pasión, la dinámica, el contraste... elementos que de por sí no son nuevos, pero que en las manos de Beethoven se convertirán en pautas a seguir en el nuevo estilo musical.
La obra beethoveniana se divide en tres grandes periodos, por un lado un estilo clásico llamado de “asimilación” (1795-1801) en donde Beethoven está influenciado directamente por Mozart y Haydn; en segundo lugar ( 1802-1815) el estilo de “transición” en donde se observa un cambio de rumbo al considerar el clasicismo como agotado, tratando para salir del modelo de plasmar en la música una serie de emociones del ser humano, ejemplo de esta etapa será Fidelio; finalmente el tercer periodo (1816-1827) en donde el compositor terminará refugiándose en su mundo interior.
Resultó muy trabajoso para Beethoven producir una obertura apropiada para Fidelio, y finalmente la concretó a través de cuatro versiones. Su primera tentativa, para el estreno de 1805, se cree ha sido la obertura hoy conocida como Leonora n.º 2. Luego corrigió esta versión para las representaciones de 1806, creando para ello la obertura Leonora n.º 3, considerada como la mejor de las cuatro, pero, como contiene un dinámico e intensamente dramático movimiento sinfónico, tuvo el efecto de abrumar las escenas iniciales de la ópera. Beethoven, por consiguiente, decide reformar la obertura una vez más para la representación de 1807 en Praga; ésta es la conocida como Leonora n.º 1.
Finalmente, para la representación vienesa de 1814, Beethoven escribe sobre material musical original la que hoy es conocida como la obertura de Fidelio o Leonora n.º 4. Como ésta parece funcionar mejor que las anteriores al principio de la ópera, la intención final de Beethoven es generalmente respetada en la producciones contemporáneas.