Marina es una zarzuela en dos actos, después convertida en ópera en tres actos, con libreto de Francisco Camprodón (Zarzuela) y Miguel Ramos Carrión (ópera). La música es de Emilio Arrieta. Su estreno tuvo lugar el 21 de septiembre de 1855, en el Teatro del Circo, de Madrid. La acción se sitúa en Lloret de Mar (Gerona), a mediados del siglo XIX.
Personajes principales:
Jorge, capitán de barco, enamorado de Marina, tenor
Marina, enamorada de Jorge, soprano
Teresa, amiga de Marina, soprano
Pascual, capataz del astillero, bajo
Roque, contramaestre de Jorge, barítono
Alberto, capitán de barco, barítono
Marina, que hoy es una de las zarzuelas mejor considerada, más aplaudida y popular, no comenzó su vida con buen pie, pues su estreno madrileño resultó frío a pesar de la buena acogida que le auguraba Gaztambide: “La nueva obra de Arrieta, Marina, es notabilísima, es una verdadera ópera española al alcance del vulgo; gustará, estoy seguro". Parece que la endeblez literaria y dramatúrgica planteada por el libretista no calaron en el público. El crítico de la Época, en un ingenioso comentario, expresó esta debilidad: "la zarzuela no es buena ni es mala, ni menos puede decirse que es mediana, ni mucho menos que es superior. Peca de larga y peca de corta; es ancha y estrecha; gorda y delgada; alegre y melancólica; modesta y altiva; suave y áspera; hay dentro del libro casi todas las cosas necesarias para que el libro pudiera ser bueno; pero al autor se le perdieron las dosis de la receta y la mixtura salió mal confeccionada. En la música no falta nada y más bien sobra alguna cosa, razón por la cual no llega el oído a tragarse todo lo que le ponen en la mesa. En la obra hay buenos concertantes y la instrumentación es demasiado rica." Barbieri, por su parte, salvó la música: ”Sobre su éxito hubo diversos juicios. El mío es que hizo poco efecto el libro, pero que la música gustó mucho. Esta obra, que en Madrid dio poco resultado, ha sido y está siendo en provincias una de las que más agrada. Su música es muy buena y tiene trozos magníficos como el terceto”.
Tras sólo seis representaciones en Madrid, Marina fue presentada en provincias, donde obtuvo un grandioso reconocimiento, que no ha disminuido desde entonces.
Su paso a ópera fue aconsejado al autor por, entre otros, el cantante Enrique Tamberlik. Como Camprodón había fallecido, Arrieta encargó la revisión del texto a Ramos Carrión quien respetó bastante el trabajo de su predecesor. Marina, como ópera, se estrenó en el Teatro Real (llamado entonces Gran Teatro Nacional de la Ópera), el 16 de marzo de 1871 en un “beneficio” a Tamberlik, que cantó la parte de Jorge, con la Ortalina en el papel de Marina, el barítono francés Gassier en el de Roque y Aldighieri en el de Pascual. La flamante ópera obtuvo un éxito clamoroso que constituyó el acontecimiento de la temporada, representándose seguidamente en todos los teatros líricos de Europa y América hispana y conservando hasta hoy todo el fulgor de una música espontánea, escrita con buen oficio y elegancia melódica.
Sobre los cambios musicales escribe Peña y Goñi: " La obra tenía dos actos, se agregó uno más y Arrieta escribió, además de las escenas y recitados consiguientes, dos dúos, uno para tiple y bajo y otro para tenor y barítono que se intercalaron en el primer acto; preludio, coro de introducción, concertante y romanza de tiple y dúo de tiple y barítono para el acto segundo que resultó completamente nuevo y, por fin, un dúo para tiple y tenor y un rondó final con que terminó la ópera. El acto segundo de la zarzuela entró íntegro en el tercero de la refundición".
Esta obra, que muchos han calificado de “italiana”, con cierta intención despreciativa, ofrece numerosos momentos musicales de interés, desde el “Coro de pescadores” con que comienza. No vamos a citarlos todos, pero merece la pena escucharse con atención la Barcarola (Brilla el mar engalanado), la vibrante Romanza de la protagonista (Pensar en él), el Dúo de Pascual y Marina (Niégame que es tu amante), la impetuosa Salida de Jorge (Costas las de Levante), el Dúo que mantiene con Pascual (Pascual, amigos míos), o su encendido canto acompañado por los pescadores (Al ver, en la inmensa llanura del mar); todos ellos en el primer acto. En el segundo, el Coro de marineros (Ánimo todo, fuera pereza), y el concertante final. En el último acto, el vibrante Brindis (Hasta el borde la copa llenemos) que tantas veces hemos oído dentro y fuera de los escenarios teatrales; las seguidillas de Roque (La luz abrasadora) y el muy conocido “Tango” de este mismo personaje (Dichoso aquél que tiene).
Comentarios de José Prieto Marugán