El Caballero de la Rosa, ópera en tres actos con música de Richard Strauss (1864 - 1949), con libreto, como ya sucediera con el de Electra y también en el caso de otras obras posteriores, es obra de Hugo von Hofmannsthal (1874 - 1929) en colaboración con su "ayudante" el conde Harry Kessler. El estreno tuvo lugar en Dresde el 26 de enero de 1911.
Richard Strauss, que había roto moldes con sus óperas Salomé (1905) y Electra (1909) llegando en ellas casi al borde del atonalismo, dio un cambio de rumbo a su estilo y en 1911 estrenó El Caballero de la Rosa (Der Rosenkavalier) con un regreso a la tradición mozartiana, aunque esta ópera extraordinaria no es ni una remota imitación de lo producido en el siglo XVIII. Strauss logró gracias a su talento, sentido teatral y categoría como compositor, que Der Rosenkavalier sea considerada por muchos conocedores como su obra más completa.

En la historia de la música clásica europea, el termino "Lied" se refiere a una composición, típica de los países germánicos y escrita para un cantante con acompañamiento de piano. Este tipo de composición, que surgió en la época clásica (1760 - 1820), floreció durante el Romanticismo y evolucionó durante el siglo XX. Es característico la brevedad de la forma, la renuncia al virtuosismo belcantistico, la estrecha relación con el poema y la fuerte influencia de la canción popular alemana (Volkslied).
Schumann es el legítimo sucesor de Schubert por lo que respecta al Lied. Gracias a él , este género alcanza un grado de perfección y una delicadeza de sentimientos insospechados. La melodía schumanniana, menos simétrica que la de Schubert, y también más libre, se adapta admirablemente a las palabras. Si el Lied de Schumann es menos teatral que el de Schubert, tiene en cambio mayor refinamiento, en más íntimo, más concentrado y conciso.
Marina es una zarzuela en dos actos, después convertida en ópera en tres actos, con libreto de Francisco Camprodón (Zarzuela) y Miguel Ramos Carrión (ópera). La música es de Emilio Arrieta. Su estreno tuvo lugar el 21 de septiembre de 1855, en el Teatro del Circo, de Madrid. La acción se sitúa en Lloret de Mar (Gerona), a mediados del siglo XIX.
Personajes principales:
Jorge, capitán de barco, enamorado de Marina, tenor
Marina, enamorada de Jorge, soprano
Teresa, amiga de Marina, soprano
Pascual, capataz del astillero, bajo
Roque, contramaestre de Jorge, barítono
Alberto, capitán de barco, barítono
Marina, que hoy es una de las zarzuelas mejor considerada, más aplaudida y popular, no comenzó su vida con buen pie, pues su estreno madrileño resultó frío a pesar de la buena acogida que le auguraba Gaztambide: “La nueva obra de Arrieta, Marina, es notabilísima, es una verdadera ópera española al alcance del vulgo; gustará, estoy seguro". Parece que la endeblez literaria y dramatúrgica planteada por el libretista no calaron en el público. El crítico de la Época, en un ingenioso comentario, expresó esta debilidad: "la zarzuela no es buena ni es mala, ni menos puede decirse que es mediana, ni mucho menos que es superior. Peca de larga y peca de corta; es ancha y estrecha; gorda y delgada; alegre y melancólica; modesta y altiva; suave y áspera; hay dentro del libro casi todas las cosas necesarias para que el libro pudiera ser bueno; pero al autor se le perdieron las dosis de la receta y la mixtura salió mal confeccionada. En la música no falta nada y más bien sobra alguna cosa, razón por la cual no llega el oído a tragarse todo lo que le ponen en la mesa. En la obra hay buenos concertantes y la instrumentación es demasiado rica." Barbieri, por su parte, salvó la música: ”Sobre su éxito hubo diversos juicios. El mío es que hizo poco efecto el libro, pero que la música gustó mucho. Esta obra, que en Madrid dio poco resultado, ha sido y está siendo en provincias una de las que más agrada. Su música es muy buena y tiene trozos magníficos como el terceto”.
Tras sólo seis representaciones en Madrid, Marina fue presentada en provincias, donde obtuvo un grandioso reconocimiento, que no ha disminuido desde entonces.
Su paso a ópera fue aconsejado al autor por, entre otros, el cantante Enrique Tamberlik. Como Camprodón había fallecido, Arrieta encargó la revisión del texto a Ramos Carrión quien respetó bastante el trabajo de su predecesor. Marina, como ópera, se estrenó en el Teatro Real (llamado entonces Gran Teatro Nacional de la Ópera), el 16 de marzo de 1871 en un “beneficio” a Tamberlik, que cantó la parte de Jorge, con la Ortalina en el papel de Marina, el barítono francés Gassier en el de Roque y Aldighieri en el de Pascual. La flamante ópera obtuvo un éxito clamoroso que constituyó el acontecimiento de la temporada, representándose seguidamente en todos los teatros líricos de Europa y América hispana y conservando hasta hoy todo el fulgor de una música espontánea, escrita con buen oficio y elegancia melódica.
Sobre los cambios musicales escribe Peña y Goñi: " La obra tenía dos actos, se agregó uno más y Arrieta escribió, además de las escenas y recitados consiguientes, dos dúos, uno para tiple y bajo y otro para tenor y barítono que se intercalaron en el primer acto; preludio, coro de introducción, concertante y romanza de tiple y dúo de tiple y barítono para el acto segundo que resultó completamente nuevo y, por fin, un dúo para tiple y tenor y un rondó final con que terminó la ópera. El acto segundo de la zarzuela entró íntegro en el tercero de la refundición".
Esta obra, que muchos han calificado de “italiana”, con cierta intención despreciativa, ofrece numerosos momentos musicales de interés, desde el “Coro de pescadores” con que comienza. No vamos a citarlos todos, pero merece la pena escucharse con atención la Barcarola (Brilla el mar engalanado), la vibrante Romanza de la protagonista (Pensar en él), el Dúo de Pascual y Marina (Niégame que es tu amante), la impetuosa Salida de Jorge (Costas las de Levante), el Dúo que mantiene con Pascual (Pascual, amigos míos), o su encendido canto acompañado por los pescadores (Al ver, en la inmensa llanura del mar); todos ellos en el primer acto. En el segundo, el Coro de marineros (Ánimo todo, fuera pereza), y el concertante final. En el último acto, el vibrante Brindis (Hasta el borde la copa llenemos) que tantas veces hemos oído dentro y fuera de los escenarios teatrales; las seguidillas de Roque (La luz abrasadora) y el muy conocido “Tango” de este mismo personaje (Dichoso aquél que tiene).
Comentarios de José Prieto Marugán
Con Ludwig van Beethoven comienza la desaparición del Clasicismo y principia el Romanticismo. Su obra, en líneas generales, muestra la lucha interior del compositor: la pasión, la dinámica, el contraste... elementos que de por sí no son nuevos, pero que en las manos de Beethoven se convertirán en pautas a seguir en el nuevo estilo musical.
La obra beethoveniana se divide en tres grandes periodos, por un lado un estilo clásico llamado de “asimilación” (1795-1801) en donde Beethoven está influenciado directamente por Mozart y Haydn; en segundo lugar ( 1802-1815) el estilo de “transición” en donde se observa un cambio de rumbo al considerar el clasicismo como agotado, tratando para salir del modelo de plasmar en la música una serie de emociones del ser humano, ejemplo de esta etapa será Fidelio; finalmente el tercer periodo (1816-1827) en donde el compositor terminará refugiándose en su mundo interior.
Resultó muy trabajoso para Beethoven producir una obertura apropiada para Fidelio, y finalmente la concretó a través de cuatro versiones. Su primera tentativa, para el estreno de 1805, se cree ha sido la obertura hoy conocida como Leonora n.º 2. Luego corrigió esta versión para las representaciones de 1806, creando para ello la obertura Leonora n.º 3, considerada como la mejor de las cuatro, pero, como contiene un dinámico e intensamente dramático movimiento sinfónico, tuvo el efecto de abrumar las escenas iniciales de la ópera. Beethoven, por consiguiente, decide reformar la obertura una vez más para la representación de 1807 en Praga; ésta es la conocida como Leonora n.º 1.
Finalmente, para la representación vienesa de 1814, Beethoven escribe sobre material musical original la que hoy es conocida como la obertura de Fidelio o Leonora n.º 4. Como ésta parece funcionar mejor que las anteriores al principio de la ópera, la intención final de Beethoven es generalmente respetada en la producciones contemporáneas.
Sibelius fue parte de la ola de compositores que aceptaron las normas de composición de fines del Siglo XIX. Como muchos de sus contemporáneos, apreció a Wagner, pero solo por un tiempo, y finalmente eligió un patrón musical diferente. Pensando que la ópera sería el centro de su carrera, Sibelius inicó el estudio de las partituras wagnerianas, Tannhaüser , Lohengrin , y Las Walkirias . Luego partió al festival de Bayreuth, donde escuchó Parsifal, que tuvo profundo efecto en su espíritu. Escribió a su esposa poco después:
Después de esta experiencia, Sibelius comenzó a trabajar en su ópera Veenen luominen. Sin embargo, su aprecio por Wagner disminuyó, y pronto rechazó la técnica del Leitmotiv , aduciendo que era demasiado explícita y calculada. Dejada de lado la ópera, el material musical de la incompleta Veenen luominen ,se convirtió posiblemente en la Suite Lemminkäinen (1893).
Otras influencias importantes fueron Ferruccio Busoni y Chaikovski. La de este último es particularmente evidente en la sinfonía coral Kullervo, de 1891 , así como en su Sinfonía Nº1 , y más tarde, en su Concierto para Violín de 1903.
Progresivamente se alejó de los condicionamientos formales de la sonata, y en lugar de temas de múltiple contraste, se enfocó en la idea de celdas continuas y fragmentos culminando en una gran presentación. En este aspecto, su obra puede ser vista como de desarrollo contínuo, con permutaciones y derivaciones temáticas que conducen la obra hacia el final. La síntesis es tan completa que podría pensarse que comenzó componiendo el final y luego trabajó hacia atrás.
Sibelius intentó simplificar radicalmente la construcción interna de la música. Como Antonín Dvořák , esto lo llevó a buscar melodías con un identificable carácter nacional. Sin embargo, Sibelius realizó un acercamiento único y personal a lás técnicas de desarrollo compositivo. Hubo un punto importante en la carrera de Sibelius, en que rechazó las influencias tempranas, lo que le permitió libertad para componer con las melodías evolutivas y formas musicales orgánicas, que se convirtieron en la base de sus últimos trabajos.
El Andante festivo es un esbozo realizado para un proyecto de un oratorio -Marjatta, sobre el Kalevala-, la epopeya finlandesa basada en sus cantos populares. Esta obra fue la elegida como salutación de Finlandia para la Exposición Universal de Nueva York de 1939. La grabación efectuada para tal fin, fue dirigida por el propio autor y es el único documento sonoro existente de Sibelius actuando como director.
Start spreadin' the news,
I'm leavin' today
I want to be a part of it,
New York, New York...
These vagabond shoes
Are longing to stray
Right through the very heart of it,
New York, New York...
I wanna wake up in a city
That never sleeps
And find I'm king of the hill,
Top of the heap...
My little town blues
Are melting away
I'll make a brand new start of it,
In old New York...
If I can make it there,
I'll make it anywhere
It's up to you,
New York, New York...
New York, New York...
I want to wake up in a city
That never sleeps
And find I'm A-number-one,
Top of the heap,
King of the hill,
A-number-one...
These little town blues
They are melting away
I'm gonna make
A brand new start of it
In old New York
A-a-a-nd if I can make it there,
I'm gonna make it anywhere
It's up to you,
New York, New York...
New York...
New York, New York, la película dirigida por Martin Scorsese en 1977 fue un sonado fracaso comercial en su época, pero su canción principal (New York, New York) alcanzaría después gran fama en la versión de Frank Sinatra.
La duración original de New York, New York era de cuatro horas y media, pero Scorsese hizo una nueva versión con "sólo" 155 minutos y, posteriormente, otra con 136 minutos.
Durante las filmaciones Martin Scorsese se ocupó de que el elenco improvisase en diversas escenas de la película. Así, Robert De Niro debió aprender a tocar el saxofón para dar mayor veracidad a su personaje; a pesar de ello, en las correspondientes escenas sería doblado por su compañero de elenco Georgie Auld.
Granados escribió varias canciones, entre ellas algunas a las que llamó “Tonadillas Escritas en Estilo Antiguo”; estas fueron compuestas sobre textos de su libretista Fernando Periquet, evocando las majas y majos del tiempo de Goya, pretendiendo que cada uno de ellos se asemejara a una canción romántica asociada con el siglo XIX madrileño. También compuso las canciones amatorias, más sofisticadas que las tonadillas, que tienden más a la sutileza y a la introspección,. Estas toman mucho menos la vena folklórica y mucho más el carácter de un compositor de calibre internacional. Su belleza y sofisticación atestiguan la verdadera tragedia de la prematura muerte de Granados.
Luigi Cherubini (Florencia 1760 - París 1842) escribió Médée sobre un texto en francés, en 1797, para el Teatro Feydeau de París. El libreto es de Francois-Benoit Hoffmann, inspirado en la tragedia homónima de Séneca. Hoy día esta obra es conocida, casi exclusivamente, en la versión italiana de Carlo Zangarini. Su estreno tuvo lugar el 13 de marzo de 1797, en plena Era del Terror y la Guillotina.
El personaje de Medea es heroico y requiere una gran madurez tanto en lo escénico como en lo vocal. Son poco usuales las intérpretes de este papel. En el siglo XX fue la greconorteamericana Maria Callas su máxima exponente, siguiéndole otras famosas sopranos como Eileen Farrell, Magda Olivero, Leyla Gencer, Leonie Rysanek, Inge Borkh, Gwyneth Jones, Grace Bumbry, Anna Caterina Antonacci y Montserrat Caballé.
Esta ópera tiene una intensidad dramática que no usa las medias tintas. Los tétricos presagios se anuncian ya desde la obertura misma: una pieza asombrosa que influirá en la obertura Fidelio de Beethoven, así como en la Sinfonía Trágica de Schubert. Una vez más, como en Lodoiska, Cherubini retrata aquí el mito de la mujer heroica, símbolo característico de la Revolución Francesa, que pasaría también al arte pictórico, siendo uno de los primeros ejemplos modernos del papel de la mujer en la forja de una nueva sociedad.
El antagonismo militar de dos pueblos, los amores de dos mujeres rivales, público y privado, espectacularidad decorativa e intimismo son los polos sobre los cuales se construyó la trama de la gran obra verdiana. Como bien es sabido, Aída fue un encargo del gobierno egipcio para festejar la apertura del canal de Suez en 1869. Aunque no pudo estrenare para aquel evento, fue presentada en El Cairo en un teatro recién inaugurado, en diciembre de 1871 y en febrero del siguiente año en la Scala de Milán.
La confección del libreto de Aída se llevó a cabo gracias a la intervención de tres personajes, además del mismo Verdi: La idea de Aída nació del egiptólogo Auguste Mariette, consejero del virrey Ismael Pachà (vasallo del emperador turco, pero de hecho único y verdadero detentador del poder en Egipto). Mariette sugirió celebrar el evento del canal con la puesta en escena de un espectáculo operístico, encontrando en el exótico antiguo Egipto un argumento y una ambientación apropiada para una novela. A decir verdad, parece que el punto de partida de dicha idea fue del hermano de Auguste, Edouard Mariette. Pero lo más interesante y a la vez más ignorado durante tiempo fue la intervención de Camille du Locle, que ya fue libretista en el Don Carlo, el cual en calidad de experto, fue el encargado de proyectar y supervisar la operación. Du Locle presentó una puesta en escena que debió entusiasmar a Verdi, pues éste se mostró muy interesado y rápidamente aceptó el encargo.
Brünnhilde...Hildegard Behrens
Wotan...James Morris
Grabación en directo en la Metropolitan Opera-1991
Director:James Levine
La soprano alemana Hildegard Behrens, célebre por sus interpretaciones de las heroínas wagnerianas, ha muerto a los 72 años en Japón, donde iba a ofrecer un recital en el festival de música de Kusatsu, al noroeste de Tokio. Tras sentirse mal, Behrens fue trasladada a un hospital el domingo 16 de agosto, falleciendo el pasado día 18 a causa de un aneurisma, según ha informado un portavoz de la Kanshinetsu Music Society Foundation.
Behrens debutó en Friburgo en 1971 con un papel en «Las bodas de Figaro». Cinco años después ya actuaba en el londinense Covent Garden y en la Metropolitan Opera House de Nueva York. Pero fueron sus papeles de mujer fuerte en obras de Richard Strauss, como «Salomé» o «Elektra», y de Wagner, como «El Anillo del Nibelungo», donde encarnó a Brünnhilde, los que le proporcionaron fama internacional. Descanse en paz.