En 1894 Luigi Illica, el célebre libretista de las más famosas óperas de Giacomo Puccini, había elaborado los textos para una ópera basada en leyendas japonesas, sobre los cuales trabajaría el compositor Alberto Franchetti. Pero éste, a la hora de iniciar su tarea musical dejó de lado el proyecto, motivando a Illica a buscar otro compositor. Así el tema de la ópera japonesa llegó a Pietro Mascagni, quien aceptó gustoso la idea de componer sobre aquél libreto.
El trabajo de Illica fue lento, tomándose más de un año para finalizarlo. Finalmente la nueva ópera, titulada “iris” fue estrenada en el Teatro Costanzi de Roma, el 22 de noviembre de 1898, con el propio compositor en la dirección musical. Dos meses más tarde la obra llegó a La Scala de Milán, con Enrico Caruso a cargo del rol masculino principal.
Por supuesto que al mencionarse “Iris” de Mascagni, surge el inmediato nombre de “Madama Butterfly” de Puccini, por estar ambas obras ambientadas en Japón y por tener las dos a Luigi Illica oficiando como libretista. Para establecer elementos que las diferencian, debe consignarse entonces que cronológicamente “Iris” es anterior en 6 años a “Madama Butterfly” y, cosa curiosa, uno de los grandes detractores que tuvo la primera fue el propio Puccini.
Otro elemento diferenciador está en el tratamiento musical. Mientras “Madama Butterfly” está empapada de claras y decididas incursiones melódicas y tímbricas en temas japoneses, en “Iris” hay sólo muy leves acercamientos más a lo exótico que a lo japonés. Con este tratamiento más sutil, “Iris” engalana pues el gran grupo de óperas enmarcadas en el exotismo, corriente inicialmente visual, que con Puccini y su postrera “Turandot” da los más avanzados pasos hacia un intenso compromiso en lo musical.