La condición de Joseph Haydn en aquella inmóvil y sofocante sociedad del Ancien Régime, prácticamente como un siervo más al servicio del Príncipe Esterházy, le imponía, entre otras muchas obligaciones, componer a requerimiento de sus patronos. Además, según contrato, sus criaturas artísticas serían propiedad exclusiva de los Esterházy. En su obligado retiro dorado fue desgranando, con fertilidad sobrecogedora, obras maestras en todos los géneros musicales.
Pese a estar físicamente separado del mundo, Haydn era una toda una celebridad en Europa. Su música se apreciaba mucho y, desde hacía años, sus admiradores coetáneos habían hecho caso omiso de la prohibición principesca de divulgar su música sin su nihil obstat. Excepto unos pocos encargos oficiales, fue profusamente copiada y publicada por doquier sin su consentimiento. Los derechos de autor estaban en pañales.
Sólo al final de su carrera, su vida dio un giro inesperado. Al morir un año después de la Revolución francesa su principal empleador, el príncipe Nikolaus, le sucede su hijo Antal que profesaba escaso interés por los asuntos filarmónicos, por lo que no dudó en licenciar a todos los músicos que su padre, gran melómano, tenía contratados.
De regreso a Viena, el desempleado compositor estuvo sopesando qué hacer. Muchas cortes europeas le pretendieron. El que más cerca estuvo de firmar un contrato con el afable y pulcro Haydn fue Fernando IV de Nápoles pero, ante la perspectiva de un empleo seguro y sin riesgos, se entrometió el violinista y empresario Johann Peter Salomon, radicado en Londres. Éste le propuso una aventura: realizar una gira de conciertos por Inglaterra.
El casi sexagenario Haydn, de origen humilde, sin haber visto nunca antes el mar y falto de toda experiencia en un mundo de profesiones liberales ajeno a la tutela aristocrática, accedió a la propuesta de aquel dinámico representante para sorpresa de sus allegados.
El 2 de enero de 1791 Haydn desembarcó en Londres, conglomerado urbano vasto y cosmopolita que cambió su vida. Era la ciudad más bulliciosa del momento. La actividad de una burguesía local evolucionada la hizo un lugar en que todo lo reclamado por la gente se convertía en negocio. La música no fue excepción. Muchos músicos acudieron allí al calor de las oportunidades empresariales que se presentaban. Un hijo de Bach, Johann Christian, había organizado allí junto a un compatriota la primera sociedad privada moderna de conciertos.
Durante su estancia en Londres Haydn participó en abarrotados conciertos (de pago) en las diversas sociedades de conciertos que competían entre sí en las salas de la Hannover Square, en el King’s Theatre o en el Pantheon Theatre. Se le concedió el doctorado por la Universidad de Oxford y tuvo tiempo de tomar –en su escaso tiempo libre– clases de inglés.
Uno de los resultados de esa estancia en la capital británica es la Sinfonía nº 94, llamada 'La sorpresa' por el inesperado encargo del citado empresario Johann Peter Salomon. Esta obra es la segunda de las doce que son denominadas Sinfonías 'Londres' (93-104).
La música de Haydn suele contener algunas bromas y su Sinfonía nº 94 incluye la que probablemente sea la más famosa de todas: un acorde en fortísimo que sigue a la exposición del tema en las variaciones del segundo movimiento (Andante), que después continúa con su normal desarrollo sin que vuelva a aprecer el efecto.