Martha Argerich, piano
Maurice Ravel es un músico cuya obra está llena de los más variados reflejos. El impresionismo de Ravel se aprecia especialmente en las suites para piano 'Miroirs' (Espejos, 1905) y 'Gaspar de la noche' (1908) y en la 'Rapsodia española para orquesta' (1908). Su gran talento para evocar épocas pasadas se pone de manifiesto en obras como la 'Pavana para una infanta difunta' (1899), los 'Valses nobles y sentimentales' (1911) y 'La tumba de Couperin' (1917), composiciones todas ellas para piano que posteriormente fueron orquestadas. En la obra para piano 'Juegos de agua' (1902) es evidente su clasicismo, pues posee una estructura de sonata clásica y una textura brillante y virtuosística.