sábado, 31 de octubre de 2009
Radovan Vlatkovic, trompa
Miembros del Sexteto de Viena








De los instrumentos de viento, la trompa natural fue el más favorecido por Mozart como instrumento solista. Cuatro conciertos y un buen puñado de obras de cámara en las que la trompa tiene un destacado papel dan fe de ello, lo que es debido, sin duda, a la amistad del compositor con Joseph Leutgeb, un virtuoso casi 25 años mayor que él y que fue, no pocas veces, blanco de las burlas bienintencionadas de Mozart.
Sin poder fecharlo de manera precisa, el Quinteto para trompa, violín, dos violas y violonchelo, K. 407 se remonta al segundo semestre de 1782. Consta de tres movimientos (Allegro - Andante - Rondó: Allegro) y en él la trompa resulta ser preponderante para darle vida, pues comparte algunos temas con el violín. Fue una excelente idea de Mozart de utilizar dos violas, en vez del cuarteto de cuerdas habitual, pues ello confiere otro color a las cuerdas que así se adaptan mejor a consonar con la trompa.
En el Allegro inicial, de forma sonata, Mozart no puede evitar burlarse del ingenuo Leutbeg: hacia el final de la exposición hace cesar repentinamente a las cuerdas en su lógica respuesta a la trompa, lo que provoca una desconcertante interrupción del conjunto de los instrumentos. Para acentuar más el efecto de este inocente sabotaje hará participar en la reexposición a todos los instrumentos.
El segundo movimiento, Andante, cuya cadencia final reproduce la primera aria de Belmonte en el Rapto en el Serrallo, es una pequeña joya de expresión, tierna e íntima, en el curso de la cual la trompa y el violín prosiguen un diálogo amoroso profundamente sentido y cuyo diseño melódico anticipa el tercer movimiento, Rondó-Allegro, una página de brillante inspiración dominada por el tema del estribillo.

Publicado por jrtapia @ 10:00  | Música de cámara
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