martes, 10 de noviembre de 2009
Cuarteto Quiroga









Nacido en Bilbao, el 27 de enero de 1806; muerto en Paris, el 17 de enero de 1826. Llamado “el Mozart español” en razón de la gran precocidad de sus dotes, Arriaga, que se instruyó componiendo una ópera cómica a la edad de once años, fue enviado a París en 1822 con el objeto de perfeccionar su formación. Asimilando con una excepcional rapidez la armonía junto a Fétis, del cual se convirtió en repetidor en el Conservatorio dos años más tarde, y trabajando el violín con Baillot en el mismo centro, alcanzo la plena madurez —tanto compositiva como instrumental— a los dieciocho años. Pese a que la enfermedad, al parecer la tuberculosis, segara su vida a los veinte años, su catálogo abarca los géneros más diversos, con música sinfónica (Sinfonía en re menor, 1823), música sacra, así como música de cámara dominada por tres cuartetos de cuerda más que prometedores.

El Tercer Cuarteto es el más destacado y el que toma más libertades con respecto a la tradición: el mi bemol mayor de los movimientos extremos encuadra un Andantino en sol mayor y un Menuet muy original en do menor. El Allegro inicial, acogido al modelo de la forma sonata de Haydn con un único tema —eco del Primer Cuarteto op. 18 de Beethoven— que tiene el papel de segundo tema, está elaborado a partir de una escritura instrumental que alterna el unísono de las cuatro partes y la libre circulación de los elementos entre los atriles. El Andantino parece derivar directamente de la Sexta Sinfonía de Beethoven con su intensidad dramática creciente: una “tormenta” viene a turbar la pureza de un canto de carácter popular. El Minuetto prolonga el dramatismo del movimiento precedente, multiplicando los contrastes internos, con un trío en do mayor que resalta por su deliberada simplicidad. En fin, el Presto agitato renueva los encadenamientos por sorpresa del primer movimiento (comienzo del desarrollo) que dan un relieve dinámico a la forma. Este Cuarteto soporta perfectamente la confrontación con los cuartetos vieneses, y merecería beneficiarse de una mayor difusión: el equilibrio clásico está aquí servido por un irrefutable talento.


Publicado por jrtapia @ 9:00  | Música de cámara
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